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Antes
de abordar un recuento general de la música en nuestro medio,
durante el año que acaba, que debe ser descriptivo antes que crítico,
deseo hacer énfasis en lo que creo que representa el mejor logro
y lo más importante, que es a mi parecer la constante superación,
semana a semana, de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Hemos
vivido por casi tres décadas el extenso desarrollo de una crisis
de la OSN, que no se ha debido en modo alguno a la falta de
talento musical de los directores que se han sucedido, sino a
problemas de índole administrativa y de base fundamentalmente
económica. El Estado, a través del INC, ha sido el gran
responsable de esta crisis.
Y
no es que ahora exista un mayor presupuesto. La escasez de
recursos persiste, con el bajo nivel de las remuneraciones de los
músicos, en comparación con cualquier país de Iberoamérica.
Entonces, ¿cómo es que ha terminado esta crisis si las
condiciones no han cambiado? Pues una buena administración, capaz
de soluciones atinadas y de emergencia ha puesto fin, al menos por
un tiempo, a esta nefasta y larga situación por la que atravesaba
la OSN. Los músicos mejor seleccionados, que sin duda están
dando una gran cuota de dedicación, el repertorio más atractivo,
la constante presencia de directores invitados, han sentado las
bases de una recuperación. La Dirección Artística a cargo del
maestro Armando Sánchez Málaga ha demostrado que sí se puede
(discúlpenme la frase que puede parecer hecha y futbolística).
Ahora, entonces, es más importante que nunca que el Estado le
otorgue a la OSN los recursos que corresponde, o inevitablemente
la crisis se volverá a presentar.
En
lo puramente artístico menciono especialmente la actuación de
los directores Agustín Cullell, David Mackenzie, Ligia Amadio,
Gergely Kesslyák y el peruano Oscar Vadillo. Entre los solistas
me parece que cabe destacar --cosa curiosa-- a un violista, Joen Vásquez,
que ofreció el tan exigente como bello Concierto de Béla Bartók,
bajo la estupenda dirección de Ligia Amadio, directora de la
Orquesta Sinfónica Nacional de Brasil. Destaco también la
ejecución de otro excepcional concierto del repertorio del siglo
XX, el de Alban Berg, a cargo del joven violinista norteamericano
Colin Maki, bajo la batuta de David Mackenzie.
Entre
los pianistas, sin duda Marcella Mazzini que ofreció de manera
magistral durante dos semanas consecutivas dos de los conciertos más
atractivos del siglo XIX, el de Schumann y el Quinto de Beethoven.
También Victoria Foust, que interpretó de manera vibrante el
concierto para piano y orquesta de Khachaturiam.
Resalto
también los dos conciertos sinfónicos corales dirigidos por
Werner Pfaff, el primero con la Misa de Gloria de Puccini, el
segundo con el Réquiem Alemán de Brahms.
La
inclusión en el repertorio de importantes obras de compositores
iberoamericanos como Camargo Guarneri, Julián Orbón o Mario
Benzecry y de peruanos como Celso Garrido Lecca, Edgar Valcárcel,
Francisco Pulgar Vidal es otro hecho que remarco como
verdaderamente importante. A nivel mundial ocurre un fenómeno
interesante de apertura hacia lo contemporáneo: hay cada vez
mayor inclusión de la música del siglo XX (ya no es precisamente
"música contemporánea"); se le ha perdido el miedo a
lo actual. Enhorabuena prejuicios conservadores que imperaban
extendidamente están cediendo. La OSN está también en ese
sentido, en un buen camino.
José Quezada Macchiavello
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