Domingo, 25 de diciembre de 2005

 

 

 

Crítica de música: Lo más importante en el 2005

Antes de abordar un recuento general de la música en nuestro medio, durante el año que acaba, que debe ser descriptivo antes que crítico, deseo hacer énfasis en lo que creo que representa el mejor logro y lo más importante, que es a mi parecer la constante superación, semana a semana, de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Hemos vivido por casi tres décadas el extenso desarrollo de una crisis de la OSN, que no se ha debido en modo alguno a la falta de talento musical de los directores que se han sucedido, sino a problemas de índole administrativa y de base fundamentalmente económica. El Estado, a través del INC, ha sido el gran responsable de esta crisis.

Y no es que ahora exista un mayor presupuesto. La escasez de recursos persiste, con el bajo nivel de las remuneraciones de los músicos, en comparación con cualquier país de Iberoamérica. Entonces, ¿cómo es que ha terminado esta crisis si las condiciones no han cambiado? Pues una buena administración, capaz de soluciones atinadas y de emergencia ha puesto fin, al menos por un tiempo, a esta nefasta y larga situación por la que atravesaba la OSN. Los músicos mejor seleccionados, que sin duda están dando una gran cuota de dedicación, el repertorio más atractivo, la constante presencia de directores invitados, han sentado las bases de una recuperación. La Dirección Artística a cargo del maestro Armando Sánchez Málaga ha demostrado que sí se puede (discúlpenme la frase que puede parecer hecha y futbolística). Ahora, entonces, es más importante que nunca que el Estado le otorgue a la OSN los recursos que corresponde, o inevitablemente la crisis se volverá a presentar.

En lo puramente artístico menciono especialmente la actuación de los directores Agustín Cullell, David Mackenzie, Ligia Amadio, Gergely Kesslyák y el peruano Oscar Vadillo. Entre los solistas me parece que cabe destacar --cosa curiosa-- a un violista, Joen Vásquez, que ofreció el tan exigente como bello Concierto de Béla Bartók, bajo la estupenda dirección de Ligia Amadio, directora de la Orquesta Sinfónica Nacional de Brasil. Destaco también la ejecución de otro excepcional concierto del repertorio del siglo XX, el de Alban Berg, a cargo del joven violinista norteamericano Colin Maki, bajo la batuta de David Mackenzie.

Entre los pianistas, sin duda Marcella Mazzini que ofreció de manera magistral durante dos semanas consecutivas dos de los conciertos más atractivos del siglo XIX, el de Schumann y el Quinto de Beethoven. También Victoria Foust, que interpretó de manera vibrante el concierto para piano y orquesta de Khachaturiam.

Resalto también los dos conciertos sinfónicos corales dirigidos por Werner Pfaff, el primero con la Misa de Gloria de Puccini, el segundo con el Réquiem Alemán de Brahms.

La inclusión en el repertorio de importantes obras de compositores iberoamericanos como Camargo Guarneri, Julián Orbón o Mario Benzecry y de peruanos como Celso Garrido Lecca, Edgar Valcárcel, Francisco Pulgar Vidal es otro hecho que remarco como verdaderamente importante. A nivel mundial ocurre un fenómeno interesante de apertura hacia lo contemporáneo: hay cada vez mayor inclusión de la música del siglo XX (ya no es precisamente "música contemporánea"); se le ha perdido el miedo a lo actual. Enhorabuena prejuicios conservadores que imperaban extendidamente están cediendo. La OSN está también en ese sentido, en un buen camino.



José Quezada Macchiavello